De la guerra



Por ahora no vamos a tocar ningún tema en particular, no vale la pena arengar a la muchedumbre cuando si acaso se pueden oler un par de gatos en el callejón; consideremos ésto una semana de gracia mientras parte del rebaño vuelve a congregarse. Por lo demás, no hay promesas ni buenos propósitos, la dinámica será la misma de antaño y nos reservamos el derecho de publicar tres o cuatro post para luego echarnos a descansar tres o cuatro meses; todo está sometido a la voluntad e infinita misericordia del divino Nicotine.
En fin, no se diga más, que ya habrá tiempo de divagar y redundar; por el momento conformaos con estas aladas palabras y retornad pronto a vuestros tugurios, que el circo podría irse sin vosotros. Saludos y cáncer para todos.

En estos últimos días la Organización se ha convertido en blanco del encono público y los más severos vilipendios a razón del parco desempeño de nuestro redactor en jefe y los cuatro umpa-lumpas que, edición tras edición, atiborran éste espacio con coloridas deyecciones de observación, supremo análisis y vigorosa retórica a muy bajo precio. Al encontrarnos incapacitados para despedir al señor Nicotine (quien ante todo pone su pan en nuestra mesa y su arma en nuestras cabezas) hemos optado por la vía de la diplomacia y la conciliación, pues nuestro objetivo no es otro que serviros y hacernos merecedores de vuestra gracia. A continuación Frank "el barbero" Nicotine, haciendo gala de su conocida jovialidad, buen humor y sincero amor por nuestros lectores, os dirige estas aladas palabras, acompañadas, por supuesto, de nuestras más sentidas disculpas:
¡Podéis atragantaros con el insondable diámetro de mi grandilocuente polla!, con todo respeto y camaradería, claro está. Pero bueno, caricias aparte, excusadme por no deducir, a partir de tanto ronroneo y lengüetazos en mis posaderas, que de alguna forma esperábais calidad y buenas formas de este humilde espacio, trinchera, según se ve, de vuestras más afeminadas esperanzas. Mas conservad la calma que, en hora buena, aún estoy a tiempo de complaceros: tal vez me suscriba a la Cosmopolitan y empiece a informarme de las últimas tendencias, que con presteza y diligencia os contaré semana a semana, bajo la batuta del ingenio y las situaciones más jocosas. Mejor aún, probablemente os abra un foro de opinión donde podréis contribuir al crecimiento y lozanía de Ópera EAB, con sugerencias temáticas, tips de belleza, chascarrillos y todo aquello que se os pase por vuestras iluminadas y sibaritas testas.
Pero claro, poca cosa sería si no os agasajo al inicio con un buen cambio de plantilla de ingeniosa personalización, que mal anfitrión sería si, siendo esta vuestra casa, no os la decoro con buena filigrana y finas colgaduras, como sólo vosotros merecéis. Incluso, si logro vencer la timidez y al fin desciende el rubor de mis mejillas, tal vez os ponga al final de esta misiva las coordenadas de mi actual domicilio y, por que no, un mapa de orientación trazado con pródigo cariño sobre la delicadez escaneada de una servilleta, que no quiero que os perdáis cada vez que os apetezca encularme por que no publico nada que toque las finas cuerdas de vuestros traumas. Decidme si os place, reveladme vuestros designios, que mi propósito en el mundo es satisfaceros, prole irredenta de la Gran Ramera de Babilonia, a cuyo puto servicio he de ponerme al término de la distancia.
Bien podéis incluso, en aras del progreso y apelando a vuestra piedad y magnificencia, hacerme llegar las actualizaciones de vuestros beneméritos textos, en cuya descojonante profundidad no me atrevo a sumergirme sin la apropiada guía, pues podría extraviarme en el omnipotente ecosistema de vuestras abstracciones; ¡pero aprisa!, que me apremia el entusiasmo de sacar filo a mi pequeña lanza de oxidiana con el fino mármol de vuestros elocuentes huevos, so cabrones de mala entraña; que ultimadamente (y si señor, también repetimos frase) no me estáis pagando un soberano hijoputas, sarracenos extraditables. Fin del comunicado.
En las repetidas diatribas de la Organización, con frecuencia hemos considerado las relaciones de poder que, hipotéticamente hablando, deberían garantizar un buen porcentaje de ventaja que no sobrecaliente tus reumas y te permita salir a flote del ignominioso retrete social. Así pues, entre resoplos y rebuznos varios, hemos concluido que vestirnos con las pieles del canalla nos pone, en definitiva, un paso adelante de nuestros congéneres, lo cual nos hace sonreír graciosamente, como un risueño bebe manoseado por un habilidoso adulto y sus encarcelables intenciones. ¿Que por qué tan reprobable metáfora? Primero, porque nos nutre el amarillismo, y segundo, por lo que expongo a continuación.
Por lo general, quien ha optado por conducirse como un bárbaro, de seguro ya ha transitado por todos los otros estadios de la conducta humana: idealista, pesimista, humanista, nadaísta, teocentrista y materialista (aunque no necesariamente en ese orden) extrayendo conclusiones y experiencias negativas que le han hecho perder la fe en el prójimo y han alimentado una desconfianza patológica, convergente en un espíritu predatorio y falsamente vengativo que lo empuja a intentar ver a sus coetáneos como una fuente de alimento nada grata. (Nótese que con gran pertinencia y maestría he resaltado el "falsamente", atendiendo al hecho de que por más que te empecines en arrancarle el corazón al mundo con tus propias manos, siempre conservaras la femenina esperanza de que en algún momento comience a latir por ti; pero esos ya son otros pezones y en otro momento se frotarán).
Volviendo al tema, tenemos que quien ha terminado actuando como un soberano cabrón sin un ápice de respeto por los otros, lo ha hecho porque se ha quedado sin opciones, porque siente que el mundo le debe algo y, de alguna forma, ha decidido pasarle la cuenta de cobro. Ahora bien, recordemos que uno de los más vergonzosos placeres, sin los cuales el humano no puede pasarse, es la siempre vilipendiada lástima; un patetismo griego que nos hace apetecer, de forma casi sexual, la demandada misericordia divina, la cálida consideración del prójimo y las lágrimas de todo aquel que se pase frente a nuestro patíbulo. Luego, a partir de las consideraciones anteriores, nos queda como corolario que lo único que hace soportable el hecho de ser a diario enculado por el mundo, es el hecho de ser susceptibles de lástima.
Ahora bien, ¿Qué pasa con ese mal hombre, con ese discípulo de Nixon, con ese canalla filibustero a quien de continuo sorprendemos con sus artificiales colmillos en la yugular del prójimo? ¿Acaso el mundo ya ha dejado de abofetearlo? ¿Es que ahora está lo suficientemente lejos como para que no le lleguen los escupitajos del globo? Por supuesto que no, sigue siendo vejado. Estamos en una cárcel de la que ni Scofield nos podría sacar, y el hecho de que a un compañero reo se le caiga una alhaja mientras se ducha y tu te apresures a recogerla aprovechándote de su infortunio, no implica que cuando te inclines, no hallan otros dispuestos a cobrarte la astucia con equinas intenciones; son los cuatro kilos de kharma que de sol a sol nos dañan la postura.
Ahora, mi punto: ¿Ante quién se queja el canalla? ¿Que acaso no acabará mereciendo cuantos azotes se le propinen? ¿De donde extraerá su dosis vital de lástima? ¿Cómo soportará las matutinas sesiones de tortura cuando ni siquiera se siente con derecho a autocompadecerse? ¿Si les doy mi número de cuenta me enviarían dinero?...Ergo, los invito a considerar (aunque si no quieren, me importa un hijoputas) sus posiciones ante la supervivencia en sus respectivos establos y la capital importancia de contar con los suficientes mililitros de esa vergonzosa lástima que, cual morfina, te hará más soportable el tormento del cuervo que se afila el pico con tus retinas; así, seas fuerte o seas débil, el mundo te encontrará y hallará la forma de hacerte sentir su fuerte y azul polla (supongo que a vosotras, lectoras, esto de la polla celeste no os resulta tan aterrador, luego la idea no se desarrollará por completo en vuestras pequeñas psiquis con encaje, y en consecuencia señalareis ipso facto la debilidad de mis argumentos; ante tales conclusiones considerad que ésto de las ideas elevadas es cosa de hombres, y que ya si mi centelleante magnificencia os permite acceder a tan sapientes dilucidaciones sin amenaza de empalamiento, mal haríais en pretender que mis aladas metáforas se tengan que adaptar a las turgentes formas de vuestros incompetentes hipotálamos; he dicho.) Sólo recuerda mantener la frente en el horizonte y jamás mirar atrás, que por malo que seas, algo podría estar alcanzándote.
En ésta ocasión, como preámbulo, me gustaría enseñaros el oportuno soliloquio del buen Nowhereman, sobresaliente pupilo de la Escuela Nicotine y perro de ataque de nuestra bienamada Organización, en relación a la suprema importancia de una buena locuacidad genérica; ergo, helo aquí: "lo de hacer el ridículo es lo de menos (dice el fulano refiriéndose a la ignominia de una conversación minable y vergonzosa), trivialidades de adolescencia; lo que a mi me parece realmente fregado (palabra vulgar que viene a significar "dificultoso" o "intrincado") es que ese torpe comportamiento ponga en riesgo y amenace las infinitas posibilidades de cópula, las cuales se pueden ver completamente frustradas apenas uno abre el hocico. Porque si uno es feo, y encima no tiene como compensarlo con un discurso carismático y elocuente, por definición, esta excluido por la mismísima madre naturaleza y esta procura que sus genes no pasen a la siguiente generación..." Buena muestra de como se cosecha la sabiduría en los envases más insólitos.Para empezar, hacerse un buen conversador no implica necesariamente convertirse en uno; la dádiva perseguida no pasa de crackear la habilidad y facultarse para disparar señuelos de calor a la perspicacia del prójimo, ocultar la propia miseria en los pliegues de vuestras papadas y abandonar las sesiones de tortura a vuestras descarnadas estimas. Así pues, en estas escaramuzas estratégicas, no se debe olvidar que ya sea con elefantes o con pulgas, siempre es posible levantar un circo, y que lo que subyace a toda farsa siempre es una estructura de gran pragmatismo y simplicidad, a fin de cuentas, poco importa el calibre cuando se carece de balas. Luego, metáforas esnobistas aparte, acotaremos que la abducción cultural que el aprendiz de retórica ha de ejecutar debe ser de lo más meticulosa, y atenerse, por supuestos, a los supremos axiomas que a continuación os presentamos, producto de las más concienzudas y selectas observaciones.
Axioma I
Ya sea que quieras hacerla depositaria de tu semilla o simplemente atraerte su admiración, lo primordial es que no pierdas de vista el catalizador, la motivación para ejecutar el acto de habla. Ten siempre presente las mercancías del prójimo, lo que podrían proporcionarte, antes de hacer convulcionar la mandíbula; asegúrate de que la producción de desibeles tenga un propósito claro y productivo, o tu mente acabará por ceder a la fatiga de la farsa y en un momento volverás a expresarte como el protozoario que eres.
Axioma II
Por ejemplo, mantener un conversación sobre sexo resultará mucho más sencillo si dispones de cierta información, verbigracia: que durante diez minutos de cópula se gastan 1041 julius de energía, que el sudor de gladiador era considerado un afrodisiaco en la antigua Roma o que en promedio fornicamos 4239 veces a lo largo de nuestra vida. ¿Por qué? Primero, porque con el apropiado marco teórico puedes abordar cualquier tema existente y dar la impresión de ser un sujeto muy entendido en X o Y materia; y segundo, porque los demás están en la misma lucha que tú; se pasan horas frente al Discovery tratando de memorizar cientos de datos, intentando ponerle ropa interior a su ignorancia y dándose cuenta de que por mucho que se esfuercen, al día siguiente habrán olvidado el 95% de la información. Así pues, si te reconocen como una fuente de cultura general, te escucharan con femenino entusiasmo sin importar que mierda estés graznando, a la espera de que contextualises tu plática con algún dato histórico o científico que a la larga ellos también puedan usar para impresionar al resto de la troika.
Pregunta del público:
Pero, señor Nicotine, hombre justo y legendario estimulador de vulvas, ¿Cómo un alcornoque como yo, que apenas si recuerda su grupo sanguíneo y el otro nombre da Raskolnikov, podría ostentar la tan vasta e inefable erudición que vuestra magnificencia predica?
Axioma III
No te estoy mandando a instruirte, que inútil sería; a lo que apelo es a vuestra pereza y mediocridad y a lo mucho que sobre esos cimientos puede construirse. Cuando hablaba del apropiado marco teórico no me refería a un conocimiento honesto y substancioso sobre un campo en particular, sino a lo poco que tus manos masturbadoras pueden manejar: ahora lee con cuidado y atesora estos subpreceptos, que son una sabiduría en crudo que ni siquiera mereces.
Axioma III
¿Cómo aprendemos a escribir? Primero las vocales, luego las consonantes, y posteriormente la combinación entre unas y otras; así mismo, los engranes de tal proceso se engrasan con una continua repetición salmódica que tiene como resultado la mecanización del código de lengua en una sustancia gráfica. ¿Que qué cojones significa éso? Significa que la asimilación de datos, citas, e.t.c., además de ser una mano cálida en la polla de vuestra mediocridad, representa una cementación de base que, luego de entrar a formar parte de tus esquemas mentales tras un sudoroso uso, podrán combinarse en conceptos de los más diversos pelajes y , para sorpresa de esa mierda de hipocampo que te gastas, te pondrán a producir ideas cada vez más agudas e ingeniosas que a la larga se convertirán en gestos de aprobación y apetitosos culos.
De lo que se trata es de poner en tu estructura cognitiva la suficiente materia prima para trenzar un discurso descojonante, pero con la argamasa de información que te empujaste en la universidad o en los libros de Umberto Eco, lo único que has conseguido es aplastar tu lengua bajo el peso de un cerebro que ni siquiera está seguro de que es lo que en realidad sabe. Cuando hablamos, nunca hacemos uso de lo que sabemos, sino de lo que hemos mecanizado, y jamás mecanizaremos información en proporciones masivas (al menos no de un lengüetazo, que es a lo que le estamos apuntando aquí).
Así pues, mi punto, por el momento, es el siguiente: los esquemas mentales que utilizas para crear un texto escrito son diferentes de los que empleas para construir un discurso oral; no importa cuanto hayas leído o profundizado en relación a un ítem particular, porque en realidad muy poco de éso podrá ser utilizado en una charla cara a cara: una cara burlona o un buen par de tetas imposibilitan el acceder a tus conocimientos a la velocidad requerida, y de repente, te vez a la deriva con tus esquemas conversacionales mecanizados, los cuales, por lo general, tenemos penosamente vacíos; ¿Qué viene luego?: vergüenza y pajas solitarias.
Hoy me detuve en los asuntos estructurales y de contenido, y omití las dinámicas del uso (hasta parece que se de que coño estoy hablando) que de seguro es lo que más os importa. No obstante, estaba claro que pasar a los efectos sin pormenorizar las causas hubiese resultado poco práctico y metódico, luego tuve a bien, en mi infinita sapiencia, reservar el resto para una tercera entrada, que la increíble extensión de esta me trae recuerdos de mi entrepierna; ésto sumado al hecho de que ultimadamente no me estáis pagando un hijoputas, luego el orden de los factores es decisión de este supremo arquitecto, que siempre sabe qué es lo que más conviene a vuestras jibas. Subid a vuestras mulas y no olvidéis el camino de regreso, que el grueso de mi sabiduría es tan perenne como el de vuestra gilipollés.
Según la Escuela de Praga, en la capacidad de lenguaje ostentada por el hombre, tres serían las vertientes nodrizas de mayor relevancia: la verbal, la oral y la corporal. Visto así, y coincidiendo con Chomsky y Wittgenstein en que el lenguaje es el pulgar en la vagina del mundo, hemos de converger en la absoluta pertinencia de esgrimir una habilidad lingüística de fina empuñadura, si lo que se espera es no caerse del equino de la convivencia y quedar atrapado bajo sus cascos.